lunes, 1 de agosto de 2016

DESDE LA SOMBRA. JUAN JOSÉ MILLÁS


Juan José Millás, Desde la sombra.


Seix Barral Biblioteca Breve
1ª edición. Abril 2016

“Todos los vacíos están llenos”
Es una cita de la novela de Juan José Millás (1946), Desde la sombra. Confieso que al leer las primeras páginas de la novela pensé que me hallaba ante otro truco millasiano, otro intento de articular lo real dentro de lo irreal, algo así como la marca de la casa. Se narran las peripecias de Damián Lobo hasta llegar, escondido en el armario, a la casa de una familia donde lo instalan en la habitación del matrimonio de Lucía y Fede. 

El armario de tres cuerpos en el que se esconde Damián  recuerda al amplio armario empotrado del apartamento del protagonista del cuento “Trastornos de carácter” (1985), en el que Vicente Holgado, cansado de su vida monótona y aburrido de la televisión, se prepara la huída por un conducto que, según su teoría, comunica todos los armarios del universo. En aquel cuento, el protagonista, en una de sus incursiones, se ve de pronto instalado en un armario cómodo desde el que oye una conversación. Parece una escena recurrente que se ha renovado en Desde la sombra. Un día Vicente ya no regresará jamás. Tampoco parece que vaya a regresar Damián Lobo  a su vida anterior. ... Y hablando de Damián Lobo, se nos aparece como referencial también el nombre del protagonista, un guiño a dos de los personajes del escritor alemán Herman Hesse (1877-1962) en Demián (1919) y El lobo estepario (1927). La primera novela narra la búsqueda del auténtico yo a partir del rechazo a lo establecido y la segunda es un alucinante viaje a la angustia y los miedos que entraña la condición humana. Podemos percibir además las influencias constantes de Millás a lo largo de su carrera: la interpretación de los sueños de Freud, Kafka, el surrealismo y el existencialismo.

Y es que Millás parte de la irrealidad para situarse como observador de lo cotidiano. Asomarse al mundo real desde la ranura de un armario (metáfora de la posición del escritor), para al fin contemplarse a sí mismo, como una presencia invisible que corrobora que todas las habitaciones, que las vidas de los otros se parecen y la literatura debe empeñarse en cambiarlas. 

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